Poemario: tres Kilos de lombriz

Hay libros que no se leen: se excavan.
Tres kilos de lombriz, poemario inédito del escritor Edwin Martin, se concibe como una exploración poética de la memoria desde lo subterráneo, lo residual y lo orgánico. No se presenta como un objeto literario cerrado, sino como un territorio removido, una tierra recién volteada en la que no aparece el oro prometido, sino algo más vivo, más incómodo y más verdadero: la materia orgánica del recuerdo.
El título del poemario no responde a una anécdota ni a un gesto simbólico aislado, sino que condensa su propuesta estética. Buscar fortuna y encontrar vida subterránea; excavar esperando riqueza y hallar descomposición fértil. En este desplazamiento se articula la poética del libro: la escritura entendida como un acto de búsqueda fallida, donde el error, la pérdida y el residuo se convierten en materia creadora. La poesía no se orienta aquí a la revelación ni al hallazgo excepcional, sino a la persistencia de lo mínimo.
El poemario trabaja con un universo cotidiano atravesado por la fragilidad: la casa, el patio, la infancia, la familia, los objetos heredados y el paso del tiempo. Estos elementos no aparecen idealizados, sino expuestos a la fisura, al desgaste y a la conciencia temprana de la muerte. La memoria, lejos de operar como refugio, se manifiesta como un territorio inestable que obliga al retorno constante sobre aquello que no ha sido resuelto.
Desde el punto de vista formal, Tres kilos de lombriz propone una escritura contenida y precisa, de versos breves y fuerte carga narrativa. Muchos textos funcionan como escenas líricas o microrrelatos poéticos, detenidos en el instante previo a la ruptura. El ritmo es sobrio, con un uso deliberado del silencio y de la elipsis, evitando la retórica ornamental en favor de una imagen clara y persistente.
El lenguaje es austero, pero densamente simbólico. Insectos, huesos, grietas, relojes, humedad, lluvia, luz y objetos domésticos conforman un imaginario reiterativo que trabaja por acumulación. Las imágenes regresan transformadas, generando una sensación de sedimentación, como si el libro avanzara por capas de sentido más que por progresión temática lineal.
En su condición de obra inédita, Tres kilos de lombriz se presenta como un proyecto poético coherente y riguroso, que no busca clausurar significados ni ofrecer conclusiones, sino mantenerse en un estado de exploración permanente. La escritura se asume como un trabajo silencioso, semejante al de la lombriz: transformar lo descompuesto en posibilidad, sin estridencia ni espectáculo.
Este poemario dialoga de manera directa con Aguacero de plastilina, libro anterior del autor Edwin Martin, premiado con el tercer puesto del Premio Nacional de Poesía Inédita de la Tertulia Literaria de Gloria Luz Gutiérrez (2022) y publicado por Valparaíso Ediciones en España y Colombia en 2023. Ambos textos comparten una exploración de la memoria y la infancia, aunque desde materiales simbólicos distintos.
Mientras Aguacero de plastilina se sitúa en lo moldeable y lo aún transformable —la memoria como materia blanda—, Tres kilos de lombriz avanza hacia una poética de lo orgánico y lo residual, marcando una evolución en la voz y en la conciencia estética del autor. No se trata de una repetición temática, sino de un desplazamiento: de lo que aún puede rehacerse a lo que persiste después del desgaste.
En conjunto, Tres kilos de lombriz propone una poesía de la persistencia, donde la escritura no busca deslumbrar, sino permanecer, trabajando bajo la superficie, allí donde el lenguaje se enfrenta a sus propios límites.
Sala de negocios
A Leopold Staff
La casa de mis sueños
está al oriente de la ciudad.
Tiene un balcón
con vista a los cerros.
En las mañanas,
de camino al trabajo,
la observo
y fantaseo
sobre los amaneceres
posibles
que podría inventar
a través de sus ventanas.
Luego, en las tardes,
de regreso,
ella, la casa,
me observa con lástima,
fatigado, entre un pequeño bus,
sin levantar siquiera la mirada.
Fui a verla
el domingo pasado.
La asesora
me enseñó
cada rincón,
detallando
los materiales
que la componen.
Al finalizar el recorrido,
en un acto de solidaridad,
comprometida con mi engaño,
me miró y pronunció
sílaba por sílaba
su exorbitante valor.
En la noche,
en mi pequeño apartamento
de alquiler,
sumando los ahorros
de toda la vida,
concluí que solo podría
comprar con ellos
el humo de la chimenea.

Ilustración de María Octavia Russo
Extravío
Un hombre rebusca en sus pantalones
las llaves que no encontrará.
Las grietas del último andén,
como un laberinto, se alargan.
La imprecisa pupila
cree hallar lo perdido
en la silueta de una piedra.
Parpadea la amarillenta luz del poste
sobre la cabeza azarosa del hombre.
Aún gotean los techos
a causa de la lluvia de la tarde.
Los charcos son retratos de luz
que aquel hombre interrumpe al pasar.
Por momentos, vuelve sobre los bolsillos de su traje,
en un acto fallido.
Este hombre ha llegado, sin éxito,
al último punto de partida
con el ruido de un puñado de llaves entre el pecho.



