Valor sentimental: una película sobre la redención

En esta película, es el amor el que finalmente termina salvando a los personajes principales de la historia. Padre e hija, quienes a lo largo del metraje trenzan una relación difícil, mediada por el peso del orgullo y del pasado. Gustav Borg, el padre, es un director de cine que ha escrito una película: su historia familiar, la de su hija, entrelazada también con la historia de su propia madre. He dicho que es una película de redención porque es precisamente ahí donde yace el peso del desenlace de la historia: tras una relación agobiante entre padre e hija, que hasta el último momento pareciese estar condenada, esta es redimida en el acto final.

Un padre brusco y orgulloso consigue vencer a su antagonista (él mismo) en el vórtice de la película. Por su parte, Nora, la hija mayor, con la ayuda de su hermana Agnes, alcanza un momento de revelación al leer el guion de la película escrita por su padre. Parecía ser el suicidio de Nora, en una historia de vida tortuosa y conflictiva consigo misma, el final del drama. Sin embargo, su padre, en un acto de amor, logra adelantarse escribiéndolo en su propia película. Escribir como memoria anticipada es el arma —por supuesto, proveniente del arte— con la que Gustav consigue salvar a su hija: “recordar” antes de que ocurra la pérdida. No se escribe meramente para estipular lo vivido, sino, además, para preservar lo que aún existe y se sabe frágil. Es una redención mutua, en cuanto que Nora también es agente activo en el poder del perdón. Cada uno, padre e hija, al salvar al otro, termina salvándose a sí mismo.

Al principio, la historia podría parecer algo tediosa: un drama más o menos consabido. Pero uno descubre todo lo contrario a medida que la historia avanza hacia el centro del conflicto. Su resolución parece jugar con el espectador, que intenta anticiparla; sin embargo, y por fortuna, el drama resulta ser más astuto que el espectador inadvertido. Con la sensibilidad de una mano que enhebra una aguja, Joachim Trier nos va conduciendo desde lo externo de los personajes hacia la complejidad del drama que encarna cada uno de ellos. Es una herida profunda y enferma la que aquí se intenta suturar con bastante imprecisión por parte de los personajes principales (lo cual es, por supuesto, una virtud).

A mi parecer, la escenografía no resulta ser el fuerte de la película: espacios reiterativos, uso sobrado de interiores y planos cercanos y de segundo plano que, si bien se funden con la intimidad emocional, terminan por acortar la respiración visual del film. Por otro lado, la película se centra tanto en los dos personajes principales —padre e hija— que termina por convertir a los demás en un pretexto para que la historia avance sin que se rompa su lógica interna, reduciéndolos, meramente, a un mecanismo dentro de un engranaje.

Valor sentimental es una película indudablemente excepcional, aun así, luego de hacer las sumas y las restas. No en vano le mereció la nominación a la Palma de Oro y el reconocimiento del Gran Prix en el Festival de Cannes, por no mencionar sus múltiples nominaciones y premios en diversos festivales del séptimo arte. Un drama familiar bien ejecutado merece el aplauso luego de llegar al otro extremo de la cuerda con notable templanza.

Escrito por: Edwin Martin